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La casa de Quincha: Tradiciones rurales que agonizan - + tipico

viernes, 04 de abril de 2008

De: Alcibiades Cortes La prensa

Teófilo Ariz Díaz es uno de los pocos azuerenses que ha vivido en una casa de rancho, una vivienda de concreto y una casa de quincha. Él, de 77 años, recuerda que toda su infancia la vivió en ranchos, edificaciones que, según los historiadores, se levantaron en la región de Azuero tras la llegada de los conquistadores españoles.

Aunque es imposible dar la fecha exacta del inicio de este tipo de construcciones en la región, relatos narrados por campesinos de la zona dan fe de que tras la llegada de los conquistadores a la península surgieron las viviendas de ranchos y luego las de quinchas.

Hasta 1900, en el sector sólo tenían casas de quincha las familias pudientes de las áreas urbanas. La clase campesina levantaba ranchos cobijados con cogollos de caña.

Según Díaz, los ranchos, en los años 40, eran fáciles de hacer, pues la madera de madroño era abundante, al igual que el cogollo de caña negra se utilizaba para cobijar el techo.

Casi siete décadas después, Díaz confiesa: "Yo viví en cuatro ranchos durante mi juventud, pero como el techo de cogollo de caña negra sólo duraba tres años, los campesinos santeños fueron reemplazando esta residencia por la de quincha, lo que me motivó hacer lo mismo. Ese tipo de residencia proliferó en las décadas del 40 al 60. En ese periodo se aprovechó la gran cantidad de madera de cedro que conformaban las montañas del sector".

Varias razones contribuyeron al incremento de este tipo de vivienda en el área; una de ellas, porque resultaba barata su edificación, las paredes de barro eran más resistentes y el techo de teja duraba más años que el de cogollo en los ranchos.

Para esta época, uno de los personajes que contribuyó a perfeccionar las casas de quincha fue Rodolfo Degracia, quien por más de seis décadas se dedicó a la carpintería de este tipo de vivienda en la región de Macaracas.

Degracia afirma que no solamente tuvieron que aprender empíricamente las técnicas de la construcción de una casa de este modelo, sino también la preparación del barro para las tejas y las paredes.

Degracia y Díaz coinciden en que este tipo de edificación se fue dejando de construir en la década del 70 cuando se comenzaron a vender en la zona varillas de hierro, bloques y cemento, lo que dio origen al incremento de las casas de concreto. "Entonces esas residencias proliferaron, por la resistencia y durabilidad de la estructura, y el bajo costo de los materiales. En esa época la bolsa de cemento costaba un dólar con 50 centavos y la varilla de tres octavos, 50 centavos", contó Díaz.

En la actualidad, los árboles predilectos para hacer las casas de quincha han desaparecido, y la mayoría de los constructores expertos en la materia ha muerto o ya no trabaja.

Tampoco se encuentran en la península quienes conozcan del proceso para la confección de la teja, mientras que en el precio del zinc para los techos se registra un incremento del 60%, dificultando su compra.

La tala y quema se ha convertido en un factor determinante para disminuir este tipo de vivienda, pues la adquisición de la madera para la estructura de una casa de quincha es difícil.

Ahora, la casa de quinchaque por más de un siglo fue la residencia de lujo de Díaz, hoy solo es un retazo de nuestro folclor nacional, tras ser reemplazada por las nuevas edificaciones de concreto en los pueblos de Herrera y Los Santos


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